Donnerstag, 10. März 2016

1527. AMANDA PALMER

AMANDA PALMER. Antes de nada, dos consideraciones. La primera: No soy nada mitómano, pero sí que reconozco en cambio que tengo mucha simpatía por la gente de la que puedo aprender, y Amanda Palmer es una de esas personas. La segunda consideración, tal vez más obvia que la primera, es que esto no es una foto que yo haya hecho. Más bien ha sido un pantallazo en toda regla.
Quería hablar en esta entrada de las cosas buenas que trae la tecnología. No todo tenía que ser malo, y conspiranoico, del estilo "Gran Hermano nos vigila". Una de las mejores cosas es la cercanía con la gente. Con la gente que conocemos y con la gente que no, y que, tanto en el primer caso como en el segundo, esta cercanía desaparecería de no tener esta proximidad virtual. 
Una de las mejores ideas de Facebook (inciso: Facebook se ha convertido para mí en una especie de Tumblr. Dejo aquí el titular por si algún día me apetece desarrollarlo). Retomando la idea, una de las mejores ideas de Marcos Montaña-de-Azucar ha sido copiarle a Twitter su idea de Periscope (Herramienta por la cual puedes grabarte online y emitirte para tus seguidores. Ellos pueden ir chateando contigo mientras estás en línea). Es una idea fantástica para establecer esa cercanía con la gente, sobre todo con "famosos" que, de otra forma, serían inaccesibles.
Hace unos ideas estrené esa forma de contactar con la gente a la que sigues, con Erick Fonseca, presentador del programa de RT, "La lista de Erick". Persona a la que realmente admiro, y que sigo por la forma tan didáctica de explicar cómo es la vida en Rusia.
Pero ayer por la noche tuve el privilegio de hacer lo mismo con Amanda Palmer. Cantante y compositora a la que admiro profundamente. Me encantó la frescura y, perdón por machacar con lo de cercanía, de la músico. Ella estaba en su casa, tirada en el sofá, sosteniendo a su bebé, hablando de su nuevo proyecto, "Machete", mientras se oía de fondo la voz de su marido, el también mítico Neil Gaiman leyendo alguna pregunta que le hacía la gente, o bien comentando la jugada. 
¡Perdón por el freakismo!, pero me ha parecido una extraordinaria experiencia.

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